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De alguna manera,
hay veces que mi cuerpo camina bajo un cielo despejado
y la luz del sol ilumina mi rostro,
sin embargo mi piel no tiene brillo.
Hace tanto tiempo que no conozco una sonrisa
y lo peor ¡es!, que no sé
en qué momento la perdí.
De qué sirve tener todo
si vivo en la nada,
la nada que consume tal como la historia sin fin.
Llegó el momento en el cual percibí
el aroma del dolor,
que estoy segura que me invadía
por donde quiera que estuviera.
Y entre tantas lágrimas
un día observé a mi alrededor,
y ahí estaba ella, mirando con esos lindos ojos.
Me sentí apenada, pero sin tristeza
ella acercó su mano y yo le di la mía
descubriendo que no vivo en la nada.
Hoy vivo tan alejada de la nada
esa nada que me consumía agridulcemente,
de nuevo veo el cielo esplendoroso
y redescubro lo bello que es reír.